Los batidos nutricionales se han convertido en un hábito creciente, pero muchos no saben cómo prepararlos, cuándo tomarlos o qué incluir en ellos.
Este tema, sin embargo, es más delicado de lo que muchos creen y debería abordarse siempre con precaución, pues en torno de la nutrición existen componentes fundamentales que muchos desconocen.
Hay, por ejemplo, poblaciones especialmente vulnerables en el plano nutricional, como los adultos mayores, los niños y los enfermos, que, por sus particularidades etarias y fisiológicas, se convierten en focos de múltiples estrategias comerciales que no siempre son las más pertinentes.
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Esa falta de conocimiento ha incentivado el uso de fórmulas nutricionales como los batidos. Sus bondades son ampliamente publicitadas, pero, lamentablemente, no existen indicaciones claras para consumirlos.
Por eso, y porque pueden tener efectos adversos sobre la salud, es importante tener en cuenta algunos elementos que resultan claves a la hora de seleccionar el suplemento nutricional más adecuado para su organismo.
7 Claves a la hora de consumir batidos nutricionales
Existen diferentes razones para tomar un suplemento. Por ejemplo: aumentar las cantidades de energía, incrementar el consumo de proteínas, mejorar la cicatrización, aumentar o mantener la masa muscular y suplir las cantidades de vitaminas y minerales que hagan falta. Es importante revisar, de la mano de un nutricionista, sus necesidades específicas, el tipo de nutriente que su cuerpo requiere y, por tanto, el batido que mejor responda a las demandas de su organismo.
Las calorías requeridas por una persona sana corresponden a las de una dieta normal. Lo ideal es que las proteínas aporten entre el 15 y el 20 por ciento de las calorías; los carbohidratos, entre el 45 y el 50 por ciento; y las grasas, entre el 30 y el 35 por ciento. Las etiquetas de los productos explican esta distribución. Trate de fijarse en ellas para determinar su aporte calórico.
El colágeno está de moda, pero no contiene los suficientes aminoácidos. Es una proteína de muy mala calidad, por lo que su uso debe limitarse a casos de extrema necesidad.
Los carbohidratos son la fuente de energía más eficiente del cuerpo. Pueden ser simples o compuestos. Cuando compre productos escoja aquellos que ofrecen mayor contenido de carbohidratos compuestos (cereales, tubérculos y leguminosas) y evite los simples que, en su mayoría, son azúcares. La lactosa, que es el azúcar de la leche, es un carbohidrato simple muy usado en algunos compuestos que debería evitar. Otras fórmulas tradicionales contienen carbohidratos como el jarabe de maíz y la fructosa que, al consumirse en exceso, generan sobrepeso, obesidad, síndrome metabólico y otros males cardiovasculares causados por la elevación de los triglicéridos.
La OMS y la Academia Americana del Corazón dicen que los carbohidratos simples no deben proporcionar más del 10 % de las calorías totales; incluso, recomiendan cantidades menores al 5 % al día. En otras palabras, la ingesta de azúcares no debe ser mayor a 25 gramos en la dieta de la mujer, y a 37,5 en la del hombre.
Las proteínas son un nutriente esencial, y de su consumo adecuado dependen la formación y el mantenimiento de los músculos, las defensas, el equilibrio hormonal, etc. Por eso es fundamental escoger proteínas de buena calidad. Tenga en cuenta que las de origen animal son mejores que las de origen vegetal. El organismo aprovecha las primeras en su totalidad, lo que no ocurre con las segundas. Según estudios de Bernard Koletzco y Van Goudover, autoridades mundiales en nutrición pediátrica, los batidos nutricionales basadas en soya cubren solo el 30 % de las necesidades diarias de proteína. Los batidos no suplen el resto de alimentos, por eso debe asegurarse de consumir las cantidades adecuadas de proteína (este consejo se aplica, sobre todo, para personas en fase de crecimiento o con deficiencias nutricionales).
Las mejores grasas son las derivadas de aceites vegetales y las de mejor composición son los aceites de canola y de oliva. De las grasas de origen animal, las mejores son las provenientes del pescado, como el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (docosahexaenoico). Se recomienda que las fórmulas nutricionales contengan este tipo de grasas. Se ha demostrado que el EPA y el DHA tienen efectos antiinflamatorios y se han relacionado con beneficios cardiovasculares. De la calidad de las grasas depende el buen funcionamiento y la absorción de las vitaminas A, D, E y K.
Revise que los suplementos contengan proporciones equilibradas de vitaminas y minerales. Por ejemplo, si el producto contiene zinc, también debe ofrecer cobre; y si ofrece calcio, también debe contener fósforo.