El sexo, además de ser una práctica placentera y sana, también forma parte de un negocio que existe desde hace muchos siglos.
Todos habremos oído alguna vez decir que la prostitución es uno de los oficios más antiguos del mundo. Y pese a que con los años la sexualidad se ha liberado de muchos tabúes, lo cierto es que a la hora de hablar de prostitución siguen utilizándose muchos eufemismos, precisamente por tratarse de un tema sensible.
Uno de los eufemismos que se emplean a la hora de hablar de prostitución es la palabra escort, utilizándose como si este término hiciera referencia a prostitución de lujo.
Entonces, ¿realmente una escort y una prostituta son lo mismo?
No, lo cierto es que, aunque ambas puedan ser consideradas profesionales del sexo, no se ajustan a la misma definición. Para comprobarlo solo tenemos que buscar escorts independientes en Metropolitana y comparar los resultados con los que aparezcan cambiando la palabra escorts por prostitutas. Pero veamos concretamente en qué se diferencian.
La palabra escort es un anglicismo que viene a significar acompañante, lo que en el plano de trabajadoras del sexo se conoce como chica de compañía. ¿Por qué chica de compañía? Porque su función no se limita a un plano sexual. De hecho, en muchas ocasiones es posible que ni siquiera se intime con una escort.
La realidad es que las escorts cumplen con un perfil que suele definirse como mujeres de mucha belleza, elegantes, con estilo y formadas. Su principal servicio es, literalmente, hacer compañía a la persona que las contrata.
Esto puede implicar acompañamiento a galas y actos, puede significar asistir a una cena, puede ser simplemente acompañar y ofrecer conversación o también puede llevar a prácticas sexuales.
¿Cual es la idea de todo esto?
Sin embargo, la idea es que el cliente, dentro de lo posible, se olvide de que ha contratado a una escort y vea el servicio como una experiencia más que como un intercambio de dinero por sexo.
Por eso, aunque el perfil medio del cliente que acude a trabajadoras del sexo es un hombre adinerado y con estudios, el acceso a escorts se reserva a personas pudientes ya que el costo de estas profesionales es mayor que el de las prostitutas.
En el caso de las prostitutas, sus servicios no están orientados a esa experiencia que comentábamos antes sino en el ofrecimiento del cuerpo. La prostitución sí está más relacionada con el acto de ofrecer dinero a cambio de sexo.
Sin embargo, existen diferentes niveles de prostitución (dependiendo del dinero) y distintos lugares desde los que acceder a estos servicios. A estas profesionales se las puede contratar en la calle, en establecimientos específicos, a través de intermediarios o incluso en la red.
Aquí la relación que se establece entre el cliente y la prostituta tiene un carácter puramente sexual y se puede pagar por tiempo o por servicios concretos.
Vemos, por tanto, que más allá de la sexualidad, la diferencia entre una escort y una prostituta reside específicamente en el tipo de experiencia que busca el cliente. Con una escort puede experimentarse una relación ficcional, disfrutar de una buena conversación o contar con una compañía atractiva y excitante para asistir a cualquier evento.
Con la prostituta todo se limita a una experiencia sexual que, por otro lado, quizás sea lo que buscan algunas personas.