El placer de llorar en el metro y otros lugares públicos

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El placer de llorar en el metro y otros lugares públicos

Lloramos por desamor, lloramos por el trabajo, lloramos por problemas, lloramos porque existimos.

Llorar es el desahogo por excelencia y cuando las ganas llegan, no hay quien las pare, así estés en la calle, en el metro, en un concierto, en el coche o en el súper.

A pesar de que desde que somos pequeños nos invitan a evitar las lágrimas y mucho más si se trata de llorar fuera de tu cuarto o cama, en lo privado, la vida a adulta a veces requiere de esa liberación de estrés y tensión.

Así que llega ese punto en el que es inevitable no hacerlo en lugares públicos, por más extraño que sea. De hecho, uno termina por disfrutarlo muchísimo y hasta convierte esos sus lugares en favoritos para sacarlo todo de adentro.

Yo he llorado en el metro ya sin pena y también me ha pasado en festivales musicales. De hecho, considero la llorada en ese último lugar un momento mágico, porque una extraña, sin preguntarme nada ni pedirme nada, me abrazó y consoló.

Entonces les conté a mis amigas y me di cuenta de que, en realidad, llorar en lugares públicos es algo que todas hacemos, por más extraño que parezca.

Para mi terapeuta, llorar en lugares públicos es hacerlos tuyos y estos son los lugares que hemos hecho nuestros a base de lágrimas:

En la combi

Me olvidé de que todos estaban ahí y empecé a llorar, estar en la ventana lo incentivó. Primero se sintió muy bien, pero después me cohibí un poco cuando me di cuenta de que me veían. Vero

En una cafetería

Lloré tanto en una cafetería, que ya no puedo regresar a ella, pero se volvió mi lugar para desahogarme. Bety

En el coche

Me gustan los lugares que me encapsulan. Cora

En la lluvia

Porque es como llorar en la regadera; nadie nota que estás llorando y las lágrimas se confunden con la lluvia. Priscila

En la playa

El mood de la playa me pone sensible. María

Merecen mención especial el metro, los baños públicos y el cine, lugares en los que muchas hemos abierto la llave del llanto sin pena.

Si te ha pasado o te llega a pasar, déjalo fluir, haz tuyo el lugar y el momento, disfrútalo y nunca te sientas avergonzada por mostrar tus sentimientos.

 

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