Los 50 años de Woodstock, el aniversario frustrado

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Los 50 años de Woodstock, el aniversario frustrado

Conocido en el mundo entero como un festival de música único por su magnitud y el espíritu de unidad y paz que reflejó, Woodstock ha sido, efectivamente, irrepetible. El 50 aniversario, que prometía ser un espectáculo inolvidable, ha quedado reducido a un puñado de eventos de escasa envergadura.

Lejos queda la colosal fiesta, de unas 150.000 personas, que tenía planificada uno de los cofundadores del Woodstock original, Michael Lang, en la que iban a participar estrellas de la música de la talla de Jay-Z, The Killers, Santana, John Fogerty y Dead & Company.

Como decía el cartel original, “Tres días de paz, amor y música”, que en esta ocasión fueron anulados apenas dos semanas antes de las fechas previstas: el 16, 17 y 18 de agosto.

“Nos entristece que una serie de contratiempos inesperados hayan hecho imposible organizar el festival que imaginábamos con el gran cartel que habíamos contratado y la respuesta social que preveíamos”, dijo entonces Lang en un comunicado.

En su ausencia, la ciudad de Nueva York marca el Woodstock 50 con una discreta exhibición de instantáneas de 1969: una treintena de fotos expuestas en una pequeña sala de la “Morrison Hotel Gallery”, situada en el segundo piso de un anodino edificio del sur de Manhattan.

En Bethel, la localidad rural donde tuvo lugar el histórico encuentro, un festival paralelo ha quedado reducido a una serie de tres conciertos en un recinto con una capacidad máxima de 15.000 personas.

Los expertos en música señalan que la industria ya sabía “desde hacía meses” que Woodstock 50 no se iba a materializar, dadas las dificultades con las que estaban tropezando los organizadores.

“En el momento en el que se canceló oficialmente, la mayoría de la gente del mundo de la música ya había dado por supuesto que Woodstock 50 no iba a suceder”, explica a Efe el historiador de música estadounidense Andy Zax.

Las primeras señales fueron los retrasos en la venta de billetes, programadas para abril, para después sufrir una retirada de inversores y varios cambios en el lugar del evento, que desembocaron en que varios de los cabezas de cartel anunciaran que no acudirían al festival, tras trasladarse este a más de 500 kilómetros del recinto inicial.

Zax subraya, sin embargo, que las dificultades de organizar este tipo de eventos es “enorme”, como ya dejó patente el Woodstock de 1969, que en parte pasó a la historia por el caos que se desató cuando unas 400.000 personas acudieron a los conciertos que tuvieron lugar en la granja lechera de 240 hectáreas de Max Yasgur.

Esta, y otras circunstancias -como la unión y la armonía con la que el público hizo frente al enorme desorden y falta de recursos-, convierten a Woodstock en un fenómeno imposible de duplicar. “Es como pedir que caigan dos rayos en exactamente el mismo punto. Es imposible que se repita”, remata Zax.

 

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